RITMO

Todo lo que existe tiene un ritmo, desde los movimientos de los planetas hasta el movimiento de las partículas más ínfimas. Vivimos siguiendo el ritmo de la inspiración y la expiración, así como el del día y la noche. De éste modo, los ritmos son las imágenes y sonidos recurrentes en los que se inscribe nuestra existencia. Tenemos un pulso, y así nuestra vida es inherente al ritmo.

Para buscar el ritmo dentro de la música hay que seguir las huellas del tambor, adornadas de mitos y leyendas según los continentes. Cada cultura habla su propio lenguaje a través del tambor. Para unas es un ejercicio de inmersión en el aquí y ahora. Para otras es la explosión de su vitalidad y de su alegría de vivir. A otras les permite trasladarse a otros mundos.
 
 

Ritmo africano

El secreto de los ritmos africanos reside en su importancia social. Consiguen hacer que los hombres participen, se muevan y se acerquen los unos a los otros.

El ritmo y la música africana es un elemento que promueve la sociabilidad, que estructura la interacción de los individuos, y genera un sentimiento de cohesión en el que participan no sólo los bailarines que transforman ésta música en movimiento, sino también los que la escuchan, que por una especie de percepción cinética siguen ese ritmo de base.
 
 

Sentimiento del ritmo

Transcribo aquí la acertada definición que nos da el batería Miky Hart:
Cuando el ritmo es exacto lo sientes con todos tus sentidos. Te invade una especie de confianza cuando te dejas llevar por el ritmo. No luchas contra él, sino que por el contrario aceptas  dejarte llevar por ese sentimiento penetrante aunque agradable. Desaparece todo el sentido del instante presente. Las categorías habituales del tiempo pierden su significado. Tu intelecto se queda desconectado y juzgas sólo a través de tus emociones. Tus sentimientos fluyen por tus brazos y piernas, y brotan del tambor. Te sientes ligero, sin peso, tus brazos son como alas, vuelas como un pájaro cuando el ritmo es exacto.